Una experiencia de Meditación con método ISHA

Una experiencia de Meditación con método ISHA

(Juan Adrián Karca)

¡Bello amanecer!

Meditación que me ayuda a contemplar el fondo del telón, donde los pensamientos, sensaciones y percepciones van pasando; y a medida que las dejo pasar, van dejando siempre otra vez el telón vacío. Y ese vacío es la esencia de todo, aquello que se manifiesta cuando estoy consciente y sigue estando allí cuando estoy profundamente dormido, aunque yo no sea consciente de eso.

Del estar plenamente consciente, permitiendo que lo que esté presente sea tal cual es, al no estarlo, paso de ser todo a no ser nada. A veces la presencia es fluida y suave, cuando nada se siente, diferente de un simple estar presente; otras veces tengo sensaciones intranquilas en el cuerpo o en la mente. En ambos casos me centro en el amor, en la esencia de todo, en eso que “permite ser” y conscientemente dejo que todo fluya. Entonces, cuando hubo intranquilidad  vuelve a aparecer la fluidez. Otras veces, después de una agradable sensación tranquila, me llega la intranquilidad y el ciclo se repite.

Comprendo que la vida es un continuo alcanzar y retirarse de experiencias, sensaciones, ideas, que puedo presenciar desapegado, permitiéndoles fluir. Entonces nada es importante, todo es transitorio. Sea que intranquilice mi cuerpo o mi mente o que fluya en bella calma, es algo que no tiene importancia porque siempre desaparece para dejar solo el telón de fondo donde no hay nada cuando me quedo profundamente dormido, como muerto, pero donde vuelve a aparecer cuando me despierto; de nuevo, a veces fluyendo plácidamente, y otras veces creando sensaciones diferentes. Todo eso es lo mismo: manifestaciones de la vida ahora, la cual puedo simplemente presenciar desapegado, desde la esencia del amor que todo lo permite.

Dejar fluir cada momento presente es algo que veo muy bien reflejado en la primera faceta de Isha: “Alabanza al amor por este momento en su perfección”, la que me indica claramente que no tengo nada que hacer, diferente a mirar el momento con amor y dejarlo fluir hasta que naturalmente desaparezca y permita la entrada del siguiente momento presente. Y así voy presenciando todo, sin apegos o desapegos, aunque unos momentos sean de cal y otros de sal.

Y cuando logro eso, voy experimentando gran paz… Y a veces vuelve la molestia, y a veces, después de la molestia, vuelve la paz. Y ahora sé que nada de eso es importante, que todo pasa, que todo es un continuo alcanzar y retirarse que va de ser a no ser y de no ser a ser. Y produce gran dicha ver que cuando me vuelvo el telón de fondo, puedo ser testigo de esa alternancia y gozar de paz simplemente siendo. Y entonces el amor se me clarifica como lo único que se puede hacer: ser y permitir ser a todo, con sus diversos altibajos, con sus diversas manifestaciones de vida.

Y cuando me centro en la experiencia humana, donde está el hacer material, también voy permitiendo que libremente suceda lo que deba suceder, dejándome fluir en esa corriente contemplativa de la vida, aceptando todo. Así yo voy haciendo lo que deba hacer en cada momento, entregándome a la acción que me vaya mostrando la vida. Entonces veo bella esa segunda faceta: “Gracias al amor por mi experiencia humana en su perfección”. Lo que sea que se me vaya presentando y lo que yo voy haciendo momento a momento es perfecto, porque lo acepto con amor. Siendo así, yo mismo me convierto en puro amor que permite que todo sea.

Y caigo en cuenta que ya no soy el que hace; simplemente soy amor que permite que todo sea como la vida y su flujo quieren que sea, lo cual se refleja muy bien en la tercera faceta: “Amor me crea en mi perfección”.

Entonces veo que todo es perfecto tal cual es, porque la vida, que es puro amor que permite su propia evolución, acepta la existencia de altos y bajos para permitir su flujo y su evolución, pues todo está creado en su perfección. El amor que todo lo permite, también permite las situaciones que cada una de sus criaturas genera. Por eso, no hay nada más que hacer que ser testigo de la vida y contemplarlo como una totalidad unida que se mueve al ritmo del amor que le permite ser a todo: ¡OM UNIDAD!

Así llega la paz de Dios y la dicha eterna, ¡El cielo!

diciembre 11, 2011Enlace permanente Deja un comentario

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